Glamour y Rock N’ Roll, Aerosmith se despidió en La Plata

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Dinámicos, excéntricos y virtuosos. A pesar de que Aerosmith se formó en 1970, la vitalidad que desprendieron arriba del escenario del Estadio Único La Plata dejó a más de uno con la boca abierta, deseando llegar a la vejez con esa picante explosividad rockera en las venas.

El arsenal de canciones que tienen en su haber son puros hits marcados a fuego por la versátil voz de Steven Tyler respaldado por los demoledores riffs de Joe Perry, que le dio una sorpresa a las 35 mil personas con un video suyo recorriendo algunos lugares típicos de Buenos Aires como Puerto Madero.

“Estoy enamorado, son unos locos”, dijo el líder de la banda al principio y le preguntó con picardía a su colega: ¿Qué te parece Buenos Aires, Joe? y el guitarrista no pudo evitar sonreír frente al cálido cariño de los fanáticos, que sabían que era la última vez que los verían en Argentina y querían convencerlos de alguna manera para que no se separen.

 

Definitivamente Tyler es el alma y el fuego que mantiene vivo a Aerosmith. A sus 68 años años, con unos pantalones ajustados y un saco negro brilloso, corrió desaforadamente sobre la pasarela, se tiró al piso en ataques exhuberantes y revoleó el pie de micrófono decorado con su pañuelo animal print, llevando al público en una máquina del tiempo a la época dorada de la banda con “Jaded”, “Cryin”, “Last Child”,  “Walk this Way”, “I don’t want to miss a Thing” y “Dream On”, en el que montaron un majestuoso piano de cola sobre el escenario donde luego de una corta versión de “Home Tonight”, Perry se subió arriba y lograron magia.

 

Con un caudal de voz impactante, Tyler hizo vibrar al estadio con sus agudos, defendiendo su título de estrella de rock indomable y provocadora en “Livin’ on the edge”, “Rats in cellar”, “Chip Away The Stone” y “Back in the Saddle” de su gran disco “Rocks” (1976) con el que abrieron el show.

 

Sin embargo, Perry fue la antítesis de Tyler. Apagado y austero pero con algunos picos de energía, dio lo justo y necesario durante todo el recital. Aunque duela decirlo, parecía programado en piloto automático incluso llegó a perderse en “Crazy”. Para agregarle sabor a su performance, a lo último en “Sweet Emotion”, empezó a salir humo de uno de los amplificadores que tenía justo atrás de él. Perry jugó y le hizo creer al público que quemó su equipo antes de que termine la noche.

 

A pesar de los pifies de sonido, hay que reconocer que Perry es un virtuoso, un verdadero guitar hero. Con una boina y lentes oscuros, uso varías de sus míticas guitarras como su modelo especial Gibson “Billie” Custom, que tiene serigrafiada el rostro de su esposa. Quizás, su mejor momento fue cuando se puso el recital al hombro tocando y cantando “Stop messing around”, la canción de Fleetwood Mac que forma parte del álbum “Honkin’ on Bobo” (2004).

 

Si bien fue un show de dos horas, el setlist no fue el mejor: dejaron afuera muchas joyas, que teniendo en cuenta que se trataba de su “último show en Buenos Aires” podrían haber incluido en la lista como “Kings and Queens”, “Amazing”, “What it Takes”, “The other Side” “Eat the Rich” o “Angel” en lugar de los covers “Come Together” de los Beatles y “Train Kept A-Rollin'” de Tiny Bradshaw, que el fanático de Aerosmith por más que sean excelentes temas, hubiese preferido evitar para dejar tiempo a las gemas de la banda.

 

Fuertes y decididos, el público intentó hacerse oir con la esperanza de conseguir algún tema más. En tres oportunidades que Tyler se acercó a la punta del escenario, el campo vip le reclamó “Mama Kin” pero la banda prefirió ignorar el pedido. A pesar de no lograron convencer a los chicos malos de Boston para toquen lo que ellos pedían, el “Blue Army” se desquitó bailando “Same Old Song&Dance”, “Dude (Looks Like a Lady)”, “Rag Doll” y “Love in a Elevator”, disfrutando de los hits elegidos por el grupo para la fiesta.

 

El “Rock N Roll Rumble” fue una despedida efusiva y nostálgica al mismo tiempo porque Aerosmith es una banda roquera que tiene temas ásperos y potentes pero al mismo tiempo tiene baladas que motivan a los enamorados a hacer cosas locas, como el integrante de su producción que se subió al escenario para pedirle casamiento a su mujer frente a todo el estadio.

 

El dúo Tyler-Perry conocidos en los 80 por ser los hermanos tóxicos son las dos caras de una misma moneda, son el Yin y el Yang del rock. Tyler se robó el show: carismático y arrollador no defraudó y demostró que sus cuerdas vocales siguen intactas. Perry, sobrio, misterioso y con la actitud de un rockstar que tiene casi 50 años de trayectoria dejó en claro que puede seguir en pie a pesar de los excesos. Despedir ídolos puede resultar difícil pero es evidente que Aerosmith no morirá jamás.

por Yamila Pagani