Hot! ¡Emocionante! Los Guns N’ Roses dieron un show histórico en River

¿Así que no en esta vida, eh? Después de 23 años de paciencia los Guns N’ Roses volvieron a la Argentina con un show intenso, dinámico y emocionante que hizo vibrar a más de 55 mil almas.

Definitivamente no fue un sueño, lo que parecía imposible se hizo realidad. Al parecer, el tiempo lo cura todo y ellos están unidos otra vez. Los Guns, el grupo más ruidoso y poderoso de los 90, decidieron volver a sacudir el mundo y anoche le tocó el primer round al Estadio River Plate.

Virtuosos, provocativos y descarados, siguen mostrando sus dos caras. Por un lado, tocaron sus hits más agresivos y brutales disparados sin compasión por un arma como “It’s so Easy” y “Welcome to the Jungle” pero al mismo tiempo, trajeron un seductor ramo de rosas para acompañar sus clásicas baladas como “Sweet Child ‘O Mine” y “Don’t Cry”.

Con este show, el frontman Axl Rose se reivindicó para siempre. Parado arriba del retorno, miraba intimidante a todo aquel que alguna vez le reclamó que había perdido la plenitud de su voz plasmada en los estruendosos Use Your Illusion I y II de 1991. Con la frente bien en alto demostró que sigue siendo el rockstar incontrolable de espíritu libre y actitud salvaje que ninguna crítica jamás podrá corromper. Cuando aulla: “You know where you are? You’re in the jungle baby” se te hiela la sangre.

Con sus camperas de cuero personalizadas, jeans rotos, cadenas con crucifijos, pulseras brillantes y ostentosos anillos, mostró su versión más dura en “You could be Mine”, “Rocket Queen”, “Coma” y “Nighttrain” pero sin dejar de mostrar su lado más vulnerable y desgarrador en “This I love” y “Estranged”.

Es evidente que la gira “Rock or Bust” que compartió este año con AC/DC le hizo muy bien. En una entrevista Mr. Rose dijo: “Es la primera vez que entiendo lo que significa el trabajo duro y ensayar” y eso se notó comparado a otras de sus presentaciones en vivo en las que no llegaba a darle a las notas o se quedaba cortó de aire. En “November Rain” con la pequeña introducción de “Layla” en el piano de cola, logró que River se quede callado, hipnotizado, totalmente sumergido en un éxtasis sonoro que a más de uno le puso la piel de gallina.

Lo mismo pasa cuando Slash apunta con su Gibson Les Paul al público. Solemne y afilado, el guitar hero la rompió como siempre. Durante toda la noche, estimuló a la audiencia, tentó sus sentidos, logrando arrancarles el corazón y devolvérselos durante cada solo. Es evidente, sin Slash no hay Guns N’ Roses. El “wah wah” introductorio de “Mr. Brownstone”, su duelo de guitarras con Richard Fortus en “Double Talkin’ Jive”, los guiños a “Voodo Child” al final de “Civil War”, su estruendosa versión del tema de “El Padrino” y su homenaje a “Babe, I’m gonna leave you” de Led Zeppelin dejaron a la multitud sin aliento.

Se nota que tanto Slash como el bajista Duff McKagan, que lideró el grupo en “Attitude” son mucho menos conflictivos que Axl. Ninguno de los dos tuvo problema de tocar los temas de su etapa fuera de los Guns: definitivamente “Chinese Democracy” y “Better” sonaron más pesadas y brutales que las originales.

Con un setlist plagado de éxitos, también hubo tiempo para los covers que a esta altura ya se confunden con los temas propios del grupo: “Live and Let Die” de Paul McCartney, “The Seeker” de los Who, “Knockin’ on Heaven’s Door” de Bob Dylan y una breve “Wish You were Here” de Pink Floyd sonaron tan fuerte y poderosas como las joyitas de la banda “más peligrosa del mundo”.

También hubo una sorpresa impensada. Antes de tocar “Out Ta Get Me” del disco debut “Appetite for Destruction” (1987) que no había sido incluida en el show de Chile, Axl miró pícaro a la audiencia y dijo: “Tenemos un invitado especial: Mr. Steven Adler”. Al darse cuenta que estaban por escuchar la alineación casi original de la banda (sólo faltaba Izzy Stradlin) el campo se desenfrenó como antes del inicio del recital, del que unas 100 personas lograron vencer las vallas y meterse en el campo vip.

Con su melena rubia enrulada, el baterista apodado “PopCorn” salió feliz y sonriente de estar otra vez en el escenario con sus compañeros, que lo expulsaron del grupo en 1990 por sus problemas con las drogas pero parece que todo eso ya quedó en el pasado.

Luego de más de dos horas de show, el final llegó con la poderosa “Paradise City” en la que hubo fuego, confeti y un show de fuegos artificiales imponente.

En sus décadas separados tanto Axl como Slash exploraron y crecieron musicalmente. A pesar del orgullo, que más de una vez los hizo tener encontronazos, saben muy bien que si están juntos son dinamita absoluta. No se puede negar que son polos opuestos, que se atraen y se repelen todo el tiempo pero cuando dejan todo de lado, logran un show espectacular como el de anoche.

Tanto los fanáticos de los 90 como las nuevas generaciones querían ver a la banda en buen estado y ellos no defraudaron. Dueños de un carisma único y una actitud avasallante sonaron enérgicos y compactos.

Disfrutemos de este momento histórico en el que todo está lo suficientemente bien para que Axl y Slash compartan el mismo escenario. Podrán separarse, reemplazarse mutuamente con otros músicos pero sólo ellos tienen el verdadero apetito por la destrucción.

 Por Yamila Pagani 

(@YamiPagani)