Kraftwerk en las Blue Sessions: música, imágenes y conceptos

Por Jorge Casal

 

En 2012 el Museo de Arte de Nueva York impulsó un evento

que fue anunciado como “la primera retrospectiva sintética

de la obra de Kraftwerk”. El interés fue enorme y atrajo a

personas ya maduras que habían vibrado con la banda

alemana en su adolescencia, pero también a jóvenes para

quienes ellos solo significaban parte de un glorioso pasado

synthpop que no vivieron. La prensa festejó que Krafktwerk

fuese admitido en un museo de arte convirtiéndose en una

suerte de “institución cultural” y al tomar su lugar en el

MoMA ellos veían cumplido su objetivo de construir un tipo

de obra de arte total en la que lo visual, el teatro y la música

estuvieran integrados por completo.

Y esta consigna sobrevoló anoche la presentación de los

pioneros alemanes en un colmado estadio Luna Park, en otra

de las Blue Sessions programadas para terminar de la mejor

manera este 2016. Muchos jóvenes con espíritu clubber

(quizás atraídos por la confusa prohibición del evento

confundido como “fiesta eléctronica”) se dedicaron a

convertir al Luna Park en una inmensa pista de baile al ritmo

de estas obras conceptuales, que difícilmente puedan ser

catalogadas como canciones, y que hablan de las “delicias”

de la vida moderna.

La impresionante puesta en imágenes de The Man-Machine,

con su hit The Robots incluido, sirve como ejemplo de lo

que vimos anoche en Buenos Aires: una sincronización

perfecta entre música e imágenes 3D, ayudadas con los

infaltables anteojos descartables que repartían a la entrada

(a propósito: era impactante la imagen de miles de

personas con los anteojos 3D puestos a la vez, una gran foto

que me recordaba a viejas películas de ciencia ficción clase

B).

El efecto 3D funcionó a la perfección: por momentos se

podía ver con sumo realismo cómo aviones, ovnis y otros

elementos se te acercaban peligrosamente.

Pasaron himnos como Trans-Europe Express, la infaltable

The Model (con imágenes de modelos retro en blanco y

negro), Tour De France Soundtrack, Radioactivity (con

impresionantes alusiones a Fukushima, Chernobyl y demás

desastres nucleares) y un gran momento con Autobahn, la

obra de 22 minutos que mostraba la preocupación de los

jóvenes alemanes de posguerra por la colonización cultural

de Alemania por los EEUU y que sirvió en su momento para

que el proyecto Kraftwerk fuera conocido en todo el

mundo. Allí pudimos ver, con imágenes muy logradas,

Mercedes Benz negros y escarabajos de Volkswagen

trasladándose por esas interminables autopistas que bien

conocemos. Ellos en su momento recomendaban salir de

paseo por la autopista después de escuchar la música para

poder sentir que “el auto es un verdadero instrumento

musical”.

En resumen: una gran noche de música, imágenes y

conceptos de estos alemanes que después de 40 años en

activo siguen conmoviendo a las distintas generaciones de

buscadores de sensaciones genuinas en la escena musical.

Fue uno de esos shows que quedarán para el recuerdo y

seguro harán que con los años vaya creciendo

proporcionalmente la cantidad de personas que digan “yo

estuve ahí”. Yo estuve ahí y me despido hasta la próxima

Blue Session.