Hot! Explosivo e histórico: Metallica en el Lollapalooza

 

No es tan fácil describir en palabras lo que acabamos de vivir en la cuarta edición del Lollapalooza en Argentina. Entonces vamos a los hechos concretos. Las luces se apagaron y, como es costumbre, resonó The Ecstasy of Gold de Ennio Morricone acompañando una escena de The Good The Bad and the Ugly que se proyectó en las pantallas. No es novedad; es la intro elegida por Metallica para aparecer en los escenarios. Pero la dulce canción de película se convirtió en la rapidísima introducción de Hardwired, y fue entonces cuando los cuatro hombres aparecieron en escena para sumarse a la pista con sus instrumentos. Emoción total. James Hetfield, Lars Urlich, Kirk Hammett y Robert Trujillo estaban nuevamente frente a nosotros.

Metallica en un momento especial. Metallica tras más de 35 años de carrera. Metallica con su primer disco en 8 años recién salido a la luz. En frente; nosotros. Con la quinta oportunidad – y sólo para los de mayor edad  – de verlos en vivo de locales. Pero para muchos quizás la tercera, la segunda, o bien la primera vez de una experiencia frente a los aclamados héroes del metal. Y sin otro término para describir un show de ellos; la Experiencia comenzaba así:

Los dos temas que abren Hardwirded… To Self Destruct sonaron de corrido y casi sin respirar. El tema que le da nombre al disco y Atlas, Rise! sirven a la perfección para abrir un show lleno de expectativas. Y llegó For Whom The Bell Tolls, el primer homenaje a Ride The Lightning de la noche.

En un show que no deja un minuto de respiro, la banda vino a presentar el  disco y toca lo justo del mismo. Claro, porque también estaban temas como The Memory Remains, One o Sad But True.

Mostrándose humilde y feliz, Hetfield agradecía estar frente a nosotros tras 36 años de carrera – y resaltaba que todos, seamos quienes seamos, estábamos invitados a formar parte del a familia Metallica esta noche.

Además de la inconfundible figura del frontman, Hammet y Trujillo como siempre demuestraron sus habilidades individuales. Robert, por ejemplo, tocando el solo de Anesthesia (Pulling Teeth) tras Halo on Fire. Y detrás de todo gran violero o bajista, claro, está el batero. A diferencia de estos momentos, Urlich es Urlich durante las dos horas de show.

Llegando al final, ya todo lo que queda son clásicos. Tras la gloriosa Master Of Puppets, Kirk jugó con un solo ruidoso que lo lleva a pasar la guitarra por todos lados. Aplausos, más que aplausos para él. Y Hetfield se colgó la electroacústica porque llegaba Fade To Black.

“Ahora los vamos a hacer cantar”, anunció James, y ya imaginábamos lo que seguía. “Seek…”, nos hizo adivinar. Era Seek and Destroy. Si la multitud ya estaba entregada, esto sí que es difícil de describir.

Y llegó ese momento eufórico en el que “hacemos que nos vamos” -aunque ellos cuatro casi que no podían irse por lo bien que la están pasando. Ante la ovación, Metallica se metió detrás de escena y ya sabemos que por delante solo quedan los bises.

No pasó ni un minuto y ya empiezó a sonar Fight Fire with Fire. Acto seguido llegó Nothing Else Matters, que ni el último del predio, aquel que lo veía de más lejos, dejó de corear. Para el cierre, claro, Enter Sandman.

James, Kirk, Lars y Robert dejaron sus instrumentos y se quedaron saludando. Todo era cuernitos arriba y ovación. Estamos hablando de Metallica. Sin dudas se trata de una banda que da un espectáculo explosivo pero con una notoria experiencia que resulta en precisión. Y por fuera de lo estrictamente musical, logra contagiar su esencia y su historia en el heavy metal dejando en muchos seguramente una noche inolvidable.

Fotos: José Luis García